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Arte cristiano

Otra característica que el primer  absorbió de la Roma imperial fue la parafernalia de la corte. Como señala Lawrence Nees, al menos en términos iconográficos se tiene la tentación de hablar de una “conversión del cristianismo” al referirnos a su adopción de todo un conjunto de concepciones romanas y, específicamente, imperiales».

Las decoraciones se volvieron más espectaculares, la púrpura imperial se usó cada vez con más frecuencia en las figuras santas y los personajes importantes se representaban más grandes que el resto, a menudo más grandes que a tamaño natural. En el mausoleo de Gala Placidia en Rávena, Jesús y no aparece ataviado como un pastor sino cubierto con una túnica púrpura con rayas doradas» Jesús Pantocrátor, «señor de todo»).

Otras imágenes, también en Rávena, muestran siendo aclamado por sus apóstoles como un emperador que es homenajeado por sus súbditos

De principios del siglo IV en adelante la imagen del Dios cristiano entronizado se convierte repentinamente en un elemento central de la iconografía cristiana»: para una fe que h empezado apelando a los pobres y marginados, esta introducción de opulencia en el arte y el ideal cristianos fue un hecho revolucionario.

La expansión de la narrativa visual es algo más tardía que la aparición de la majestuosidad imperial en el arte cristiano. Esto puede haber ocu rrido en el siglo IV, después de que empezaran a erigirse las primeras basílicas, cuyos muros proporcionan más espacio, pero el gran salto no ocurrió hasta el siglo v, algo posiblemente inspirado por los ciclos poemas escritos por Prudencio en la primera década del siglo.

Las escenas narrativas se dispusieron entonces en orden cronológico según el relato de las escrituras y no ya temáticamente. Buena parte de la iconografía cristiana fue resultado de la elaboración de estos relatos visuales, que se basaron en una atenta lectura de la Vulgata, la nueva traducción latina de la Biblia realizada por Jerónimo entre finales del siglo IV y comienzos del siglo V

A finales del siglo VI, tuvo lugar un importante cambio en el mundo cristiano en la actitud de los fieles hacia las imágenes. En lugar de entender las imágenes como representaciones de Cristo y de otras figuras santas, cada vez más y más creyentes empezaron a considerarlas sagradas en sí mismas.

Este «culto de las imágenes» fue especialmente intenso en la mitad oriental del mundo cristiano, el imperio bizantino, y quizá haya estado relacionado con la relativa cercanía de esta región a Tierra Santa. Quienes peregrinaban a Palestina con frecuencia regresaban con reliquias o recuerdos de algún tipo, como piedras de los lugares santos, que eran vistos en cierto sentido como cuasi-divinos costumbre se difundió gradualmente en Occidente e incluso Roma no fue inmune a su influjo: el sanctasanctórum del palacio de Letrán alberga una imagen de Jesús del siglo VIII que, al menos durante la Edad Media, era considerada santa en sí misma y se la sacaba en tiempos de crisis.

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