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El arte bizantino

El arte bizantino «es el arte del último imperio romano adaptado a las necesidades de la Iglesia. El primer florecimiento auténtico tuvo lugar en la época de la conversión de Constantino, cuando se ordenó la construcción de una verdadera avalancha de iglesias espléndidas.

Antes del siglo rv no hay nada que pueda considerarse arquitectura cristiana. Los primeros cristianos usaron cualquier estructura que les resultaba conveniente, lo que denominaban domus ecclesiae, para acoger a la iglesia (comunidad). Las primeras iglesias, que aún es posible apreciar en el Mediterráneo oriental, adoptaron una forma similar a la usada por los paganos: la basílica, un recinto rectangular, provisto de columnas, con un bema elevado en un extremo.

Basilica es una palabra de origen griego que significaba simplemente salón grande y fue empleada por primera vez por los cristianos para designar las siete iglesias de Roma establecidas por Constantino.

Pero las primeras catacumbas de Roma, y la antiquísima capilla de Dura-Europos, sobre el Éufrates, evidencian que aun antes de Constantino los cristianos habían desarrollado ciertas tradiciones visuales, posiblemente inspiradas en una antigua versión ilustrada de la Septuaginta.

Estas eran escenas del Antiguo Testamento como la caída del hombre, el sacrificio de Isaac y el paso del mar Rojo; aunque uno de los motivos favoritos parece haber sido la historia de Jonás, tragado por un pez durante tres días antes de volver a ser depositado en la ori lla. Los cristianos advertían en ella ecos del bautismo y la resurrección

En las primeras representaciones de Jesús, éste aparece joven y sin barba; el nimbo o aureola no aparecerá hasta el siglo IV.”

Los primeros ejemplos de una representación del ciclo del Nuevo Testamento los encontramos en un contexto monumental en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena, aproximadamente del año 500, y en un manuscrito ilustrado e el Codex Rossanensis (en la actualidad en París) y el Ra bula Codex siríaco (en la actualidad en Florencia), algo posteriores, aunque ambos respaldan la idea de que para comienzos del siglo VI ya existía una iconografía establecida (autorizada).

Algunos de estos códices eran lujosos (Jerónimo se refiere a ellos de forma despectiva como «códices púrpura») y es probable que hubieran sido concebidos no como textos para ser leídos sino como objetos para uso ritual.

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