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El cambio de actitud hacia las imágenes

El cambio de actitud hacia las imágenes se infiere de dos desarrollos específicos. Uno lo constituye el que las imágenes ya no aparecen sólo en tumbas e iglesias, sino que se vuelven portátiles, lo que sugiere que podrían ser usadas en casa y llevadas en los viajes.

El segundo es que se tiende a reducir la acción o a prescindir por completo de ella «con lo que la figura santa aparece como si estuviera presente, acaso a la espera de que su poseedor la invoque para cobrar vida». (Es esa sensación de que la imagen está congelada en el tiempo lo que con frecuencia queremos describir cuando hoy utilizamos el adjetivo «icónica a pesar de que las escrituras no proporcionan absolutamente ninguna información sobre el aspecto de Jesús, los apóstoles o la virgen María, hacia el siglo VI los autores cristianos empiezan a ofrecer descripciones de ellos de acuerdo con lo que creían era la tradición (a menudo resultado de visiones).

En un texto, por ejemplo, se describe a Pedro como alguien «de altura media, con entradas, piel blanca, complexión pálida, ojos oscuros como el vino, barba poblada, nariz grande, cejas unidas… A Cristo se lo muestra como barbudo, de pelo largo, con una aureola, vestido de blanco y oro, con un rollo en una mano y con la otra levantada en señal de autoridad.ss Invariablemente se asume que las características físicas se relacionan con cualidades espirituales. Algunas de las imágenes se consideraban de origen milagroso y se las denominaba acheiropoieta, lo que significa «no hechas por manos (humanas)

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